¡Cuidado... un abnegado!



Así como, lo sepamos o no, todos tenemos una metafísica, así también, lo queramos o no, todos tenemos una moral. Tengo una moral muy sencilla: no hacer a nadie ni mal ni bien. No hacer a nadie mal, porque no sólo reconozco en los demás el mismo derecho, que creo que me corresponde, de que no me molesten, sino porque me parece que los males naturales bastan para el mal que tenga que haber en el mundo. Vivimos todos, en este mundo, a bordo de un navío zarpado de un puerto que desconocemos hacia un puerto que ignoramos; debemos tener los unos para con los otros la amabilidad del viaje. No hacer bien porque no sé lo que es el bien, ni si lo hago cuando me parece que lo hago. ¿Sé yo qué males causo si doy limosna? ¿Sé yo qué males causo si educo o instruyo? En la duda, me abstengo. Y me parece, además, que auxiliar o ilustrar es, en cierto modo, hacer el mal de intervenir en la vida ajena. La bondad es un capricho temperamental: no tenemos derecho a hacer a los demás víctimas de nuestros caprichos, aunque sean de humanidad o de ternura. Los beneficios son cosas que se infligen; por eso abomino fríamente de ellos.

Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego de Bernardo Soares.
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La Sra. De Ropp, aún en los momentos de mayor franqueza, no hubiera admitido que no quería a Conradín, pero tal vez habría podido percatarse de que al contrariarlo "por su bien" cumplía con una tarea que no le resultaba particularmente penosa.

Saki en "Sredni Vashtar".
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Nuestros motivos para hacer el bien rara vez son tan puros como nos imaginamos. El afán de poder es insidioso, tiene muchos disfraces, y a menudo es la fuente del placer que obtenemos cuando hacemos lo que creemos que es el bien para los demás. (...) Recelar de nuestros propios motivos es especialmente necesario para los filántropos y los ejecutivos. Estas personas tienen una visión de cómo debería ser el mundo, y sienten, a veces con razón y otras veces sin ella, que al hacer realidad su visión están beneficiando a la humanidad o a una parte de la humanidad. Sin embargo, no se dan cuenta de que cada uno de los individuos afectados por sus actividades tiene tanto derecho como ellos a tener su propia opinión sobre la clase de mundo que le gustaría. Los hombres del tipo ejecutivo están completamente seguros de que su visión es acertada y de que toda opinión contraria es errónea. Pero su certeza subjetiva no aporta ninguna prueba de veracidad objetiva. Es más: su convicción es muy a menudo un mero camuflaje para el placer que experimentan al contemplar cambios causados por ellos.

Bertrand Russell en La conquista de la felicidad.
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Si supiera con certeza que un hombre viene a mi casa con el propósito consciente de hacerme bien, correría por mi vida como ante ese viento de los desiertos africanos llamado simún, que llena de polvo la boca, la nariz, los oídos y los ojos hasta la asfixia. Howard fue sin duda un hombre muy amable y digno a su manera, y tiene su recompensa; pero, en comparación, ¿qué son cien Howards para nosotros si su filantropía no nos ayuda en nuestra mejor condición, cuando más merecemos ser ayudados?

Henry David Thoreau en Walden.
Nota: John Howard (1726-1790), reformador inglés de las cárceles.
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En resumen: haz bien sin mirar a quien, de acuerdo... ¡pero si el interesado está de acuerdo!

Foto: París.

Mediana edad, de Joanne Arnott



soy una vieja dama
acurrucada en los brazos
de una chica de ojos grandes

sintiéndome cansada
habiendo visto suficiente
me siento feliz de dormitar
por los últimos años de mi vida
mirar el cielo
a través de mis cortinas
o husmear tras un arbusto
en mi jardín solitario

entonces se activa la chica
atraída por alguna fragancia
una visión centelleante
alguna urgencia interior de primavera
la pasión lo barre todo
y ella me carga
en veloz persecución
de los regalos de la vida

es que ella es joven
y con fuerza suficiente
para cargar a esta dama
de huesos cansados
--
Versión en español de la casa.
Foto: Montreal.

Del blanco y negro al color


Foto: Villa Dolores, Montevideo.

Soledad, de Emma LaRocque




Ah, soledad,
¿cómo sabría
quién soy
sin ti?

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Versión en español de la casa.
Foto: Montreal.

Narciso acha feio o que não é espelho


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Un Narciso, en el sentido del Narciso de Ovidio, es alguien que cree encontrarse a sí mismo cuando se mira en el espejo. Su vida consiste en buscar su propio reflejo en la mirada de los demás. El otro no existe en tanto que individuo, sino solamente como espejo. Un Narciso es una cáscara vacía que no tiene existencia propia; es alguien falso que intenta crear una ilusión que enmascare su vaciedad. Su destino es un intento de evitar la muerte. (...) Como en el caso del caleidoscopio, por mucho que el juego de espejos se repita y se multiplique, el Narciso no deja de estar formado por el vacío. (...) Los perversos narcisistas no son más que máquinas de reflejos que buscan en vano su propia imagen en el espejo de los demás.
--
Marie-France Hirigoyen en El acoso moral.
Foto: Venecia.

Café a sol y sombra



Foto: París.

La despedida del bufón, de Marco Antonio Montes de Oca



Se ajaron mis ropas de polvo colorido,
al fondo del mar mis vestiduras devolví;
ciego quedé junto al estanque,
junto al río desmayado por un coletazo de su propia espuma.

En vano busqué la imagen mía
mirándome en el espejo oscuro de los girasoles;
perdí el brillo inmortal liquidándolo a grandes sorbos
y también mi franela para limpiar la luna
y el puerto donde el atardecer cae de rodillas.

Perdí mis entrañables pertenencias,
mis lujos de hombre sin nada,
la mirada antigua que crecía
a la velocidad con que el tallo persigue su follaje.

¿Dónde quedarían mis palacios de agua con sueño,
dónde las enormes hojas blancas
que el invierno desprendió del mástil?

¿Las águilas del centro de la tierra,
los dulces inventos de aserrín,
mis bienes todos, apenas mesurables en latidos y alegría,
en qué pliegue del caos hallaron sepultura?

Damas y caballeros, piedras y pájaros:
es la hermosura de la vida lo que nos deja tan pobres,
la hermosura de la vida
lo que lentamente nos vuelve locos.

Oh, señores, señoras, niños, flores,
mi corazón comparece por última vez ante vosotros:
se ajaron mis ropas de polvo colorido,
al fondo del mar mis vestiduras devolví.

de Cantos al sol que no se alcanza.

Foto: Venecia.

El monje bambú



Durante el reino del emperador Ming Shi Zong había en Shaolín un monje llamado Yi Shan. Su vida era el pintar bambúes. Cuando no los estaba pintando, estaba leyendo las obras de algún famoso pintor Song sobre el arte de pintar bambúes. Luego se pasaba ratos largos mirándolos. Durante todo el año, en la niebla de la mañana o en el crepúsculo dorado del sol poniente, en el calor del mediodía o en la lluvia de la tarde, observaba los bambúes, los cambios en sus hojas, los matices de sus colores. Se decía que podía pintar bambúes con los ojos cerrados.
Un día, Yi Shan fue a pintar bambúes a un bosquecillo cercano al monasterio. En él habían puesto los monjes una losa para un monumento que estaba todavía sin esculpir. Extendió el lienzo sobre la losa, mojó el pincel en la tinta, y cerró los ojos para concentrarse en su obra. Mientras estaba allí sentado, dos grandes lobos salieron del bosque. Al ver a un hombre solo ante los bambúes, se acercaron sigilosos para comérselo. Yi Shan seguía inmóvil sentado en su roca, con la espalda erguida, la mano izquierda sujetando el lienzo sobre la losa, y la derecha empuñando el pincel untado en tinta. Toda una figura. Los lobos no sabían qué pensar de la situación. Siempre que se habían encontrado con hombres en el pasado, los hombres se habían levantado a toda prisa, habían gritado, les habían tirado piedras, o se habían dado a una fuga precipitada. Pero la actitud de este hombre era tan extraña que los lobos se pararon con los ojos bien abiertos temiendo una trampa.
Mientras tanto, Yi Shan estaba absorto en tu trabajo, y no sospechaba que dos lobos hambrientos, pero un poco confusos al verlo, le acechaban por detrás. Cuando tuvo todo el cuadro claro en su mente, abrió los ojos y se dispuso a pintar. Con un gesto firme y rápido recorrió todo el lienzo, y toda una caña larga de bambú apareció en el lienzo de arriba abajo. Los lobos aullaron, se volvieron de un salto y echaron a correr.
Al oír sus aullidos, Yi Shan se llevó un gran susto, y le costó un rato serenarse y seguir con su tarea. ¿Qué había pasado? Los lobos, al ver el bambú que parecía ser totalmente de verdad, temieron que les iban a caer encima sus golpes, y se dieron a la fuga más precipitada. Yi Shan siguió pintando.
Cuando el cuadro estuvo terminado, Yi Shan lo colocó en el patio del monasterio contra una pared. Dos gorriones llegaron enseguida volando..., y se pegaron sendos golpes contra la pared. Cayeron al suelo inconscientes, pero recobraron los sentidos y salieron volando.
Al monje lo llamaban todos "Yi Shan Bambú".

narración de Zhang Shude recogida por Carlos G. Vallés.
Foto: Chinatown, Montreal.

Los amigos de Job


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Buenos días, amigo Job; tú eres uno de los tipos más antiguos y más originales que mencionan los libros. (...) Morabas en los confines de la Caldea. Comentaristas dignos de serlo sostienen que tú creías en la resurrección, porque estando acostado en el estercolero, dices en el capítulo XIX de tu libro que te levantarás del suelo algún día. El enfermo que espera curarse no por eso espera la resurrección; pero yo deseo hablar de otras cosas.
Confiesa que tú eres un parlanchín; pero tus amigos lo eran mucho más. Dícese que poseías siete mil ovejas, tres mil camellos, mil bueyes y quinientos asnos. Voy a sacarte la cuenta de lo que te producirían.
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Siete mil ovejas, a tres libras y diez sueldos cada una,
suman veintidós mil quinientas libras tornesas; pongamos... 22.500 libras.
Tres mil camellos, a cincuenta escudos cada uno... 450.000 "
Mil bueyes, unos con otros, valen lo menos... 80.000 "
Quinientos asnos, a veinte francos cada uno... 10.000 "
El total asciende a... 562.500 "
Sin contar tus muebles, sortijas y joyas.
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Yo era mucho más rico que tú, y aunque he perdido gran parte de mis bienes y estoy enfermo como tú, no he murmurado contra Dios, como tus amigos te echan en cara muchas veces. No estoy del todo satisfecho de Satán, que, por inducirte a pecar y por conseguir que te olvidaras de Dios, pidió permiso para privarte de tus bienes y para darte la lepra. En ese estado es cuando los hombres recurren siempre a la Divinidad: los hombres que son felices la olvidan. Satán conocía entonces poco del mundo; más tarde lo conoció mucho más, y cuando quiere que alguno no se le escape, le procura el empleo de arrendador general u otro destino mejor, si es posible.
Tu mujer era una impertinente; pero tus falsos amigos Elifaz, natural de la Arabia, Baldad de Suez y Sofar de Nanmath, eran mucho más insoportables que ella. Te exhortaban a tener paciencia de un modo capaz de impacientar al hombre más benigno, y te dedicaban fastidiosos sermones.
Verdad es que tú no sabes lo que dices cuando escribes: "¡Dios mío! ¿soy el mar o soy una ballena, para que me hayáis encerrado como en una prisión?" Tus amigos no sabían más que tú, cuando te contestaron que "el junco no podría reverdecer sin tener humedad, ni la hierba de los prados puede crecer sin agua". Nada hay tan consolador como este axioma.
Sofar de Nanmath te echa en cara que eres un parlanchín, pero ninguno de tus buenos amigos te presta un escudo; yo no te hubiera tratado de ese modo. Se encuentran muchas personas que den consejos, pero muy pocas que den dinero. No vale la pena tener tres amigos para que no nos den ni una gota de caldo cuando estamos enfermos. Creo que si Dios te devolviera la salud y la riqueza, esos tres personajes no se atreverían a presentarse delante de ti; por eso "los amigos de Job" han pasado a ser proverbio.
Dios estaba muy descontento de ellos, y les dijo francamente en el capítulo XLII que son fastidiosos a imprudentes, y les condenó a una multa de siete toros y siete becerros por haber dicho muchas tonterías; yo los hubiera condenado por no haber socorrido a su amigo.
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del Diccionario Filosófico de Voltaire.

Foto: Budapest.

Si total son cuatro días



Éste es mi destino, al cabo de la calle estoy.
Me siento como aquel ladrón que busca su fortuna
en un callejón por donde nunca pasa nadie,
como un burro amarrado en la puerta del baile.

Mi primo, que tiene un bar, desde siempre me ha dicho
--y me consta que todo lo dice de muy buena fe--
"Tanto tienes, tanto vales, no se puede remediar.
Si eres de los que no tienen, a galeras a remar".

Si sólo tengo amor,
¿qué es lo que valgo yo?
Si tengo ganas de bailar,
¿para qué voy a esperar?
Ahora necesito amor,
es mi única ambición.
Como yo no sé bailar,
a galeras a remar.

Baila conmigo, amor, que soy muy cariñoso, guapa,
que aunque muy chico y muy feo, piloto de aeroplanos soy.
Llévame al cine, amor, y a comer un arrocito a Castellón.
Si total son cuatro días, ¿pa' qué vas a exprimirte el limón?

fragmento de "Como un burro amarrado en la puerta del baile",
de El Último de la Fila.
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Foto: Villa Dolores, Montevideo.

Va cayendo gente al baile



Foto: Interlaken.

Chomsky y el control de pensamiento



Los teóricos democráticos liberales han observado desde hace tiempo que, en una sociedad en la que se escucha la voz del pueblo, los grupos de elite deben cerciorarse de que esa voz sólo dirá las cosas adecuadas. Cuanta menos capacidad tiene el Estado de emplear la violencia en defensa de los intereses de los grupos de elite que lo dominan eficazmente, más necesario resulta concebir técnicas de “producción de consenso”.
--
Allí donde se garantiza la obediencia por medio de la violencia, los gobernantes pueden tender a una visión “conductista”: basta con que el pueblo obedezca; lo que piense no importa demasiado. Cuando el Estado carece de los medios de coacción adecuados, es importante controlar también lo que el pueblo piensa.
--
El problema de “organizar el consentimiento político” surge de forma especialmente brusca cuando la política del Estado es indefendible, y se agrava en la medida en que aumenta la gravedad de las cuestiones.
--
El mecanismo del “lavado de cerebro con libertad” (…) consiste en fomentar el debate sobre cuestiones políticas, pero dentro de un marco de presuposiciones que incluyen las doctrinas básicas de la línea del partido. Cuanto más enérgico sea el debate, más efectivamente se inculcan esas presuposiciones, al tiempo que participantes y espectadores son dominados por el asombro y la autoadulación por su valentía.
--
En una dictadura o una “democracia” gobernada por militares, la línea del partido es clara, manifiesta y explícita, anunciada por el Ministerio de la Verdad o evidenciada por otros sistemas. (…) En una sociedad libre no se dispone de estos mecanismos y se utilizan medios más sutiles. La línea del partido no queda enunciada, sino que más bien se presupone. Aquellos que no la aceptan no son encarcelados ni enterrados en fosas tras ser sometidos a tortura y mutilación, pero la población es protegida de sus herejías.
--
La mayoría de las veces simplemente se hace caso omiso de la herejía, mientras prosigue el debate acerca de cuestiones limitadas y generalmente marginales entre quienes aceptan las doctrinas de la fe.
--
En su Journal, Henry David Thoreau, quien en otra parte explicó que no pierde el tiempo leyendo periódicos, escribió:

No hay necesidad de una ley para controlar la libertad de prensa. Ya es ley suficiente, y más que suficiente, para sí misma. Prácticamente, la comunidad se ha reunido y ha acordado qué cosas se dirán, ha concertado una plataforma y la excomunión de quien se aleje de ella, y ni uno entre mil se atreve a decir nada más.


Su afirmación no es muy exacta. El filósofo John Dolan observa: “La gente no carecerá de valor para expresar pensamientos fuera del alcance permitido, sino que se verá privada de la capacidad de pensar tales cosas”.
--
fragmentos de Piratas y emperadores.
Foto: Bratislava.

Transición

La obra maestra de Sigmund Freud

"Contribuciones para un debate sobre el onanismo", 1912.

Estambulí


Una copita


Foto: Venecia.

Canción de cuna iroquesa, de Emily Pauline Johnson



Pichoncito castaño arropado en tu nido
Enroscado en tu nido, anudado a tu nido
Tu cunita de tabla te columpia hasta el sueño
Sus brazos son tu nido, sus bandas son tu nido
Se hamaca en una rama, del roble está colgando
Tú miras la fogata y el humo espiralado
Pero tus ojos negros ya tienen que entornarse
Mi bebito moreno, vamos a descansar.
.
Pichoncito castaño columpiado hasta el sueño
Volando hacia el descanso, cantando hasta el descanso
Tus ojitos oscuros que guardas tan abiertos
Escudando su sueño, no rindiéndose al sueño
La garza vuelve a casa, la cigüeña está en calma
El búho llama desde su sitio en la montaña
Lejos el zorro gruñe y las estrellas bailan
Mi bebito moreno, vamos a descansar.
--
Versión en español de la casa.
Foto: Ottawa.

Otoño boreal



Fotos: Halifax.

Nevada, de Luis Cernuda

En el Estado de Nevada
Los caminos de hierro tienen nombres de pájaro,
Son de nieve los campos
Y de nieve las horas.

Las noches transparentes
Abren luces soñadas
Sobre las aguas o tejados puros
Constelados de fiesta.

Las lágrimas sonríen,
La tristeza es de alas,
Y las alas, sabemos,
Dan amor inconstante.

Los árboles abrazan árboles,
Una canción besa a otra canción;
Por los caminos de hierro
Pasa el dolor con la alegría.

Siempre hay nieve dormida
Sobre otra nieve, allá en Nevada.

Osa luna, de Marie Annharte Baker



Mi luna es un lago profundo en mí
Pequeños peces nadan en la hondura
Demasiado asustados para ver
Las lanzas de sol sobre sus ojos
Hay osas dando a luz en mi vientre de invierno
Durmiendo hasta la primavera
Esperando para gruñir de nuevo
Sombras que danzan al caer la noche
Mañana el viento explicará
Qué pasó durante el sueño de la osa
Será tiempo de husmear buscando rastros
Tal vez los restos de algún camping
Pero ahora su cría la quiere en casa
Porque hace frío todavía
La cara helada de mi lago lunar
Se funde en cuanto hay más sol
Mi luna crecerá dentro de mí
Para recibir a los oseznos
Que traerán caras cálidas a mis labios
--
Notas:

*El oso luna, también llamado oso pardo, es predominantemente de color oscuro, pero tiene una “media luna” de pelo blanco en el pecho.
*En diversas culturas indígenas de América del Norte, la osa es el arquetipo de la figura materna, y la luna llena es un símbolo de totalidad, de plenitud, especialmente importante en relación con lo femenino. Por ejemplo, al período menstrual se le llama “tiempo de luna”.
--
Versión en español de la casa.
Foto: Salzburgo.

¿Juego limpio?



Algunos retratan al ego como una tiránica burocracia que merece violento derrocamiento; otros, como una especie de rata nerviosa, intrigante y perversa que debe ser destrozada. Cualquiera sea el retrato, el mensaje es siempre que el ego es tan pernicioso y tenaz que cualquier abuso mental o verbal dirigido contra él es juego limpio para lograr que suelte a la mente de su brutal garra.
--
Thanissaro Bhikkhu en "Hang to your ego".

Foto: Venecia.

Pakak, de Louise Bernice Halfe




Esqueleto volador
Yo solía vagar allá donde
Te escondías
Te oía golpetear
Rascando tus huesos

Un día abrí una puerta
Me sonreíste a través de
Tu boca hueca
Punzaste mi corazón con
Ojos vacíos

Alzaste tus manos óseas
Para saludar mi entrada, y yo
Con un alarido sin voz
Escapé

Sobre mi espalda saltaste
Colgando de mi cuello rodeaste
Mi montura de carne

Por mil años serías
Mi carga de huesos
La compañía que no se marchaba

Golpeabas tu cráneo
Contra mi cabeza
Y yo sentía tus pies de plomo
Que arrastré y arrastré hasta

El día en que no pude llevar
Más tu carga
Y rogué que me soltaras
Hueso a hueso

Nos miramos cara a cara
Pakak, el esqueleto
Expuesto
Y yo más ligera de lo que
Podía aguantar

Te di a beber lágrimas sanadoras
Y tú rozaste con tus falanges
Tu cara y la mía

Te ofrecí un paño de oración
Tejí un manto de misericordia
Y tú nos envolviste
Esqueleto y carne

Te ofrecí el humo de la verdad
Tú trajiste tu pipa a la vida
La elevaste hasta tu boca espectral
Y hasta mi boca

Pakak, mi compañía
Un alma reveladora
Y tenebrosa
Mi esqueleto danzante
Mi amistad danzante

Ahora cada cual carga su bulto
Lado a lado
Mano con mano
--

Pakak, el esqueleto volador, es una críatura mítica de la tradición cri que vive en los bosques. Es de naturaleza taimada y de aspecto temible, pero cuando recibe un trato respetuoso y se le ofrecen tabaco y plegarias, él o ella se transforma y otorga bendiciones.
--

Versión en español de la casa (realizada en base a dos versiones diferentes del texto original).
Foto: Viena.

Poesía indígena de Canadá


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Estoy aventurándome a traducir del inglés algo de poesía indígena actual de Canadá, en particular escrita por mujeres. Iré desgranando alguna cosilla por aquí, no sin antes señalar que es un trabajo en permanente revisión. Espero que les guste.
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Foto: Ottawa.

El gato y la ciudad


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Foto: Halifax.

Café Bach



La música de Bach, los osos polares y la comida coreana comparten cartel en este curioso café de la ciudad de Halifax que tuve ocasión de visitar hace unos días.
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Dorado a la hoja



Una de las acepciones de la palabra amarillo: 'adormecimiento extraordinario que los gusanos de seda, cuando son muy pequeños, suelen padecer en tiempo de niebla'.
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Foto: Halifax.

Canto de primavera, de Nezahualcóyotl




En la casa de las pinturas
comienza a cantar,
ensaya el canto,
derrama flores,
alegra el canto.

Resuena el canto,
los cascabeles se hacen oír,
a ellos responden
nuestras sonajas floridas.
Derrama flores,
alegra el canto.

Sobre las flores canta
el hermoso faisán,
su canto despliega
en el interior de las aguas.
A él responden
variados pájaros rojos.
El hermoso pájaro rojo
bellamente canta.

Libro de pinturas es tu corazón,
has venido a cantar,
haces resonar tus tambores,
tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera
alegras a las gentes.

Tú sólo repartes
flores que embriagan,
flores preciosas.

Tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.

Nezahualcóyotl
Trad. de M. León-Portilla
--
Foto: Montreal.

Motas de luz

Foto: Estambul.

Mandala


Foto: Halifax.

Duermevela


Entre el despertar y el sueño se extiende una tierra de nadie, un valle de cenizas que divide un río de sueños plateados: breves, vívidos, anárquicos. Viajar por ese territorio es mi actividad preferida, esa fase en que la conciencia se disuelve lentamente y entonces zozobra, permitiendo que todas sus realidades y preocupaciones se precipiten alborotadas, mientras los dulces fantasmas le susurran a uno bobadas al oído antes de que regrese al estado de conciencia. Los vecinos te han prestado el sofá, y no se sabe cómo lo has perdido. Un amigo te palpa la pierna y asegura que es apta para escalar: ¿escalar? Te encuentras en los Andes, pero has perdido ese sofá, puedes volver si quieres, puedes convencerles de que esperen, pero no esperarán.
Todo termina entonces. No era un sueño, no a tal extremo, con ese grado de desconexión. Es más bien como un motor que a duras penas, entre toses y estertores, hace girar las aspas por última vez antes de detenerse; es como esas pajillas troceadas que se adhieren a la ropa; es como los niños que insisten melancólicamente en dar una última vuelta en el parque de atracciones, aunque las atracciones ya hayan dejado de dar vueltas.
--
Jim Lewis en "Apuntes desde la tierra de Nod". Trad. de M. Martínez-Lage.

Foto: Parque Prater, Viena.

La infancia de Neruda

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Lo extraño de aquel jardín salvaje era que por designio o por descuido había solamente amapolas. Las otras plantas se habían retirado del sombrío recinto. Las había grandes y blancas como palomas, escarlatas como gotas de sangre, moradas y negras, como viudas olvidadas. Yo nunca había visto tanta inmensidad de amapolas y nunca más la he vuelto a ver. Aunque las miraba con mucho respeto, con cierto supersticioso temor que sólo ellas infunden entre todas las flores, no dejaba de cortar de cuando en cuando alguna cuyo tallo quebrado dejaba una leche áspera en mis manos y una ráfaga de perfume inhumano. Luego acariciaba y guardaba en un libro los pétalos de seda suntuosos. Eran para mí alas de grandes mariposas que no sabían volar.
---
Una vez, buscando los pequeños objetos y los minúsculos seres de mi mundo en el fondo de mi casa, encontré un agujero en una tabla del cercado. Miré a través del hueco y vi un terreno igual al de mi casa, baldío y silvestre. Me retiré unos pasos porque vagamente supe que iba a pasar algo. De pronto apareció una mano. Era la mano pequeñita de un niño de mi edad. Cuando me acerqué ya no estaba la mano y en su lugar había una diminuta oveja blanca.
Era una oveja de lana desteñida. Las ruedas con que se deslizaba se habían escapado. Nunca había visto yo una oveja tan linda. Fui a mi casa y volví con un regalo que dejé en el mismo sitio: una piña de pino, entreabierta, olorosa, y balsámica que yo adoraba.
Nunca más vi la mano del niño. Nunca más he vuelto a ver una ovejita como aquélla. La perdí en un incendio. Y aún ahora, en estos años, cuando paso por una juguetería, miro furtivamente las vitrinas. Pero es inútil. Nunca más se hizo una oveja como aquélla
---
Por las veredas, pisando en una piedra y en otra, contra frío y lluvia, andábamos hacia el colegio. Los paraguas se los llevaba el viento. Los impermeables eran caros, los guantes no me gustaban, los zapatos se empapaban. Siempre recordaré los calcetines mojados junto al brasero y muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras. Luego venían las inundaciones, que se llevaban las poblaciones donde vivía la gente más pobre, junto al río. También la tierra se sacudía, temblorosa. Otras veces en la cordillera asomaba un penacho de luz terrible: el volcán Llaima despertaba.
---
de Confieso que he vivido.

Foto: la casa de Neruda en Isla Negra.

Buen puerto





Fotos: Halifax.

El vizconde demediado


Foto: Montreal.

El baúl de la sal y otros cuentos




Fotos: Halifax.


Niña, de Trinitaria

Niña perversa, niña nunca virgen, niña de los secretos: estás desnuda, aunque, aún hoy, él continúe jurando que usaste tu mejor vestido para la ocasión. Seguirás desnuda por todos los tiempos, y yo sabré cuál es tu juego porque también es el mío, ha sido el mío desde siempre, desde antes que nacieras a la carne.
Alimentada solamente con manzanas, la niña se ríe y su nariz apunta al fin del mundo. Ella subirá a un barco sombrío y desaparecerá en el horizonte. Pero no es cierto que la Tierra sea redonda, y por eso no podrá regresar.
Cuentan que hay tortugas, abismos, gigantes. La niña no tiene ropas y se ha quedado sin sus soldados. Entonces ella escribe, lee, reza a sus dioses paganos; pero tanta blancura los ofende, los hiere tanta delgadez.
La niña vio un cerdo inmolado en los bosques, y ese día vomitó y lloró. Todos los febreros besa el hielo, y es que hace décadas que está muerta. Sin embargo ha creído vivir, y por eso se arrodilla esperanzada en el fondo de su embarcación. La inutilidad de todas las cosas...
.
Los dioses no escuchan a la niña. La Tierra se termina. Las ballenas salvadas por sus prédicas no vienen a auxiliarla.
La niña se hunde de placer, maldita sea.
--
Magdalena Ferreiro, de Trinitaria (Montevideo, Banda Oriental, 2001).
Foto: Halifax.

Intrigado


Foto: Halifax.

Del Libro del desasosiego


Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar.
--
Sentirlo todo de todas las maneras; saber pensar con las emociones y sentir con el pensamiento; no desear mucho sino con la imaginación; sufrir con coquetería; ver claro para escribir justo; conocerse con fingimiento y táctica; naturalizarse diferente y con todos los documentos; en suma, usar por dentro todas las sensaciones, quitándoles la cáscara hasta llegar hasta Dios.
--
Un día de sol nos abre campos anchos en medio de un café de callejuela; una sombra en el campo nos encoge hacia dentro, y nos abrigamos mal en la casa sin puertas de nosotros mismos.
--
El más pequeño episodio –una alteración que sale de la luz, la caída enrollada de una hoja seca, el pétalo que se despliega amarillecido, la voz del otro lado del muro o los pasos de quien la dice junto a los de quien la debe escuchar, el portón entreabierto de la quinta vieja, el patio que se abre con un arco de las casas aglomeradas a la luz de la luna--, todas esas cosas, que no me pertenecen, me prenden la meditación sensible con lazos de resonancia y de añoranza.
--
Un hombre puede, si posee verdadera sabiduría, disfrutar del espectáculo completo del mundo en una silla, sin saber leer, sin hablar con nadie, sólo mediante el uso de los sentidos y el alma que no sepa estar triste.
--
Espaciada, una luciérnaga va sucediéndose a sí misma. En torno, oscuro, el campo es una gran falta de ruido que huele casi bien.
--
Me contento, después de todo, con muy poco: el que haya cesado la lluvia, el que haya un sol bueno en este Sur feliz, plátanos más amarillos porque tienen manchas negras, la gente que los vende porque habla, las aceras de la Calle de la Plata, el Tajo al fondo, azul verdoso tirando a oro, todo este rincón doméstico del sistema del Universo.
--
Dicen los ocultistas, o algunos de ellos, que hay momentos supremos del alma en que ésta recuerda, con la emoción o con parte de la memoria, un momento o un aspecto, o una sombra de una encarnación anterior. Y entonces, como regresa a un tiempo que está más cerca que su presente del origen y del comienzo de las cosas, siente, en cierto modo, una infancia y una liberación.
--
Lo que parece haber de desprecio entre hombre y hombre, de indiferente que permite que se mate gente sin que se sienta que se mata, como entre los asesinos, o sin que se piense que se está matando, como entre los soldados, es que nadie presta la debida atención al hecho, parece que abtruso, de que los demás también son almas.
--
Presiento los amores, las intimidades, el alma de todos cuantos trabajan para que esta mujer esté delante de mí en el tranvía y lleve, en torno a su cuello mortal, la trivialidad sinuosa de un torzal de seda verde oscura.
--
Cesa la lluvia y de ella queda, un momento, una polvareda de diamantes mínimos, como si, en lo alto, algo así como un gran mantel se sacudiese azulmente esas migajas.
--
Breve sombra oscura de un árbol ciudadano, leve sonido de agua que cae en el estanque triste, verde del césped regular –jardín público casi al crepúsculo--, son, en este momento, el universo entero para mí, porque son el contenido pleno de mi sensación consciente.
--
Ciertas horas-intervalos que he vivido, horas ante la Naturaleza, esculpidas en la ternura del aislamiento, me quedarán para siempre como medallas. En esos momentos he olvidado todos mis propósitos de vida, todas mis direcciones deseadas. He disfrutado de no ser nada con una plenitud de bonanza espiritual.
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Vivimos todos, en este mundo, a bordo de un navío zarpado de un puerto que desconocemos hacia un puerto que ignoramos; debemos tener los unos para con los otros la amabilidad del viaje.
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Como los hombres adultos reconocen muchas veces en los niños una agudeza de espíritu superior a la suya, así nos reconocen, a nosotros que soñamos y lo decimos, un algo diferente del que desconfían como extraño. (…) El soñador es un emisor de billetes, y los billetes que emite circulan por la ciudad de su espíritu del mismo modo que los de la realidad.
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Nuestra inteligencia abstracta no sirve sino para formular sistemas, o ideas medio-sistemas, de lo que en los animales es estar al sol. Nuestra imaginación de lo imposible no es por ventura propia, pues ya he visto gatos mirando a la luna y no sé si no la querrían.
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No son los éxtasis de lo abstracto ni las maravillas de lo absoluto lo que puede encantar a un alma que siente: son los lares y las cuestas de los montes, las islas verdes en los mares azules, los caminos entre los árboles y las anchas horas de reposo en las quintas abolengas, aunque nunca las tengamos.
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Este niño, que juega delante de mí, es una acumulación intelectual de células –pero es una relojería de movimientos subatómicos, extraño conglomerado eléctrico de millones de sistemas solares en miniatura mínima.
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Todo reside, para nosotros, en nuestro concepto del mundo; modificar nuestro concepto del mundo es modificar el mundo para nosotros, es decir, es modificar el mundo, pues nunca será, para nosotros, sino lo que es para nosotros.
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El estratega es un hombre que juega con las vidas como el jugador de ajedrez con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensase que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y la congoja a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos?
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Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego de Bernardo Soares.
Trad. de Ángel Crespo.

Foto: Jardín Público de Halifax.

Personalité





Fotos: Montreal.

Aforismos de Marco Aurelio


*No tengo por justo darme a mí mismo sinsabores no habiendo dado jamás adrede sinsabores a otros.

*Los que no escudriñan los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desgraciados.

*Camina siempre por el atajo: y el verdadero atajo es el que sigue conforme a la naturaleza.

*¿Quiénes son aquéllos a quienes deseamos agradar? ¿Y con qué miras, por qué procedimientos? ¡Cómo en breve sepultará todas esas cosas el tiempo, y cuántas ha sepultado ya!

*No te perturbe el futuro. Saldrás a su encuentro, si fuere necesario, armado con la misma razón de que te sirves ahora en los asuntos actuales.

*Ten presente que, del mismo modo que sería extravagante admirarse de si la higuera produce higos, así también lo es extrañarse de si el mundo produce tales o cuales frutos que son propios de su condición.

*Cuando la mente se previene y se concentra en su reflexión, vuela en línea recta, no menos que la flecha, hacia el blanco propuesto.
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de las Meditaciones.

Las telarañas y las palabras


Las personas saben hablar en el mismo sentido en que las arañas saben tejer sus telas. Tejer una tela no es un invento de una araña anónima y genial, ni depende de si la araña ha recibido o no una educación apropiada o posee una mayor aptitud para actividades espaciales o constructivas. Las arañas tejen sus telas porque tienen cerebro de araña, y eso les impulsa a tejer y les permite hacerlo bien. Aunque hay diferencias entre las telarañas y las palabras, quisiera que el lenguaje pudiera verse de ese modo.
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Steve Pinker en El instinto del lenguaje.
Foto: Venecia.

Pan y callejuela


Foto: Praga.

El saber del cuerpo


El cuerpo no quiere deshacerse sin antes haberse consumado. Y ¿cómo se consuma el cuerpo? La inteligencia no sabe decírselo, aunque sea ella quien más claramente conciba esa ambición del cuerpo, que éste sólo vislumbra. (...) El cuerpo, siendo lo que es, tiene que hacer lo que hace, tiene que querer lo que quiere. ¿Vencerlo? ¿Dominarlo? Cuán pronto se dice eso. El cuerpo advierte que sólo somos él por un tiempo, y que también él tiene que realizarse a su manera, para lo cual necesita nuestra ayuda.
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Luis Cernuda en La posesión.
Foto: París.

¿Cuál es de verdad?

Foto: Praga.

Foto: Punta Gorda, Montevideo.

El grano, de Saint-John Perse


En una maceta lo enterraste --el grano púrpura adherido a tu hábito de piel de cabra.
Nunca germinó.
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de Canto para un equinoccio.
trad. de L. M. Isava.
Foto: Villa Dolores, Montevideo.

Fragmentos de cantos náhuatl


En hierba de primavera venimos a convertirnos:
llegan a reverdecer, llegan a abrir sus botones nuestros corazones,
es una flor nuestro cuerpo: algunas flores da y se seca.
--
Tus cantos reúno,
como esmeraldas los engarzo,
hago con ellos un collar,
el oro de las cuentas está firme:
adórnate con ellas.
¡Es en la tierra tu riqueza única!
--
No se acabarán mis flores, no cesarán mis cantos.
Yo, cantor, los elevo,
se reparten, se esparcen,
son flores que se marchitan y amarillean
y son llevadas allá, a la dorada casa de las plumas.
--
Resuenan los timbales color de jade.
Lluvia de florido rocío
ha caído sobre la tierra.
--
Sobre las flores canta
el hermoso faisán;
su canto despliega
en el interior de las aguas.
--
¡Derrámense flores de olor de maíz,
espárzanse flores color de cacao,
junto a los tambores ya nos deleitamos!
--
Ya viene, ya viene la mariposa,
viene volando, viene abriendo las alas,
sobre las flores va y viene.
Bebe la miel: ¡que se deleite,
ya brotan flores de su corazón!
--
recopilados por A.M. Garibay.
Foto: Venecia.

Frente a frente


Foto: Estambul.

Sí, pero con clase

Foto: Viena.

Milagro de cortesía

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El Buddha tiene que atravesar un desierto a la hora del mediodía. Los dioses, desde sus treinta y tres cielos, le arrojan una sombrilla cada uno. El Buddha, que no quiere desairar a ninguno de los dioses, se multiplica en treinta y tres Buddhas, de modo que cada uno de los dioses ve, desde arriba, un Buddha protegido por la sombrilla que le ha arrojado.
--
leyenda relatada por Borges en una conferencia en Buenos Aires, 1977.
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Foto: Bratislava.

Bertrand Russell y la felicidad


Para mí, todo desencanto es una enfermedad que, desde luego, puede ser inevitable debido a las circunstancias, pero que, aun así, cuando se presenta hay que curarla tan pronto como sea posible, y no considerarla como una forma superior de sabiduría.
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Es puro sentimentalismo pretender extraer de la desgracia, como hacen algunos, hasta la última gota de sufrimiento. Naturalmente, no niego que uno pueda estar destrozado por la pena; lo que digo es que hay que hacer lo posible por escapar de ese estado y buscar cualquier distracción, por trivial que sea, siempre que no sea nociva o degradante. (...) Lo que hay que hacer no es destruir el pensamiento, sino encauzarlo por nuevos canales.
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Todo placer que no perjudique a otras personas tiene su valor. Yo, por ejemplo, colecciono ríos: me produce placer haber bajado por el Volga y subido por el Yangsté, y lamento mucho no haber visto aún el Amazonas y el Orinoco. Por simples que sean estas emociones, no me avergüenzo de ellas.
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Las conversaciones y los libros de algunos de mis amigos casi me han hecho llegar a la conclusión de que la felicidad en el mundo moderno es ya imposible. Sin embargo, he comprobado que esa opinión tiende a desintegrarse ante la introspección, los viajes al extranjero y las conversaciones con mi jardinero.
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Uno debe respetar la opinión pública lo justo para no morirse de hambre y no ir a la cárcel, pero todo lo que pase de ese punto es someterse a una tiranía innecesaria.
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Existe la cómoda idea de que el genio siempre logra abrirse camino; y apoyándose en esta doctrina, mucha gente considera que la persecución del talento juvenil no puede hacer mucho daño. Pero no existe base alguna para aceptar esa idea. Es como la teoría de que siempre se acaba descubriendo al asesino. Evidentemente, todos los asesinos que conocemos han sido descubiertos, pero ¿quién sabe cuántos más puede haber de los que no sabemos nada?
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No sólo es cuestión de salir a flote del modo que sea, sino de salir a flote sin quedar amargado y falto de energías.
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No estar en armonía con el propio entorno es una desgracia, de acuerdo, pero no siempre es una desgracia que haya que evitar a toda costa. Cuando el entorno es estúpido, lleno de prejuicios o cruel, no estar en armonía con él es un mérito.
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El aislamiento no sólo es una fuente de dolor, sino que además provoca un enorme gasto de energía en la innecesaria tarea de mantener la independencia mental frente a un entorno hostil.
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El hombre racional ve sus propios actos indeseables, igual que ve los de los demás, como actos provocados por determinadas circunstancias y que deben evitarse, bien por el pleno conocimiento de que son indeseables, o bien, cuando es posible, evitando las circunstancias que los ocasionaron.
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El instinto natural del hombre y de otros animales es investigar a todo desconocido de su misma especie, con el objeto de decidir si debe tratarle de modo amistoso u hostil. Este instinto tiene que ser reprimido por los que viajan en metro a las horas punta, y el resultado de la inhibición es que sienten una rabia difusa y general contra todos los desconocidos con los que entran en contacto involuntario.
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Una vida feliz tiene que ser, en gran medida, una vida tranquila, pues sólo en un ambiente tranquilo puede vivir la auténtica alegría.
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El sabio será todo lo feliz que permitan las circunstancias, y si la contemplación del universo le resulta insoportablemente dolorosa, contemplará otra cosa en su lugar.
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Lo que un hombre cree con toda su razón cuando tiene fuerzas debería ser la norma de lo que le conviene creer en todo momento.
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de La conquista de la felicidad.
trad. de J.M. Ibeas.
Foto: Parque Rodó, Montevideo.
Foto: Lucerna.

Los diamantes de Mutfili

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A través de las montañas y a mil millas de Malabar encontramos el reino de Mutfili. (...) Existen allí grandes yacimientos de diamantes, en las montañas que circundan el territorio. Los naturales no necesitan horadar las piedras para obtenerlos; no, su procedimiento es más sencillo. En la época de las fuertes lluvias, el agua, al bajar de las cimas de las montañas, forma unos canales naturales en sus laderas y al pie de estos desagües naturales, colocan los indígenas unos cedazos fabricados con bejucos tejidos y al pasar por ellos el agua, va dejando, junto con el limo, diamantes de distintos tamaños. He visto algunos que valen lo que una ciudad. Se pone en práctica este procedimiento en la época de las lluvias, pero en la de las grandes sequías o simplemente en los profundos desfiladeros y grietas a los que ellos no pueden llegar se encuentran grandes diamantes. En este caso el procedimiento es el siguiente: arrojan a esas profundas simas grandes trozos de carne que untan con resina pegajosa. Las águilas y buitres que en gran abundancia viven en las montañas se lanzan a la búsqueda de la carne, con la cual entre las garras retornan a sus nidos. Allí los naturales, que se hallan agazapados, espantan al ave, que huye asustada abandonando la carne, siendo fácil que, adherido a la resina, encuentren los singulares cazadores uno, dos o más diamantes de crecido valor. El peligro que entraña esta búsqueda para los hombres es que a veces las águilas los atacan y difícil es salir victorioso en un combate semejante; aparte de ello, entre las grietas de las montañas hay víboras ponzoñosas de mortal picadura. Ocurre a veces que las águilas se engullen carne y diamantes antes de que llegue el cazador. Cuando esto sucede, el indígena aguardará pacientemente un día, y entonces irá a revisar el nido del animal para tratar de hallar los diamantes entre el excremento del pajarraco.
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de los diarios de viaje de Marco Polo.
trad. de Eros N. Siri.
Foto: Estambul.

Las perlas de Malabar


En Malabar se encuentran algunas perlas de tanto calibre y grosor como huevos de golondrina. El rey percibe el diez por ciento de todas las perlas que se pescan en su reino, o, en su defecto, el importe en dinero o especias sobre su venta.
A veces la búsqueda de ostras se hace en el agua a profundidades que varían entre cuatro y doce brazas. Los pescadores tienen una excelente resistencia y son muy duchos en la inmersión, pero a veces son víctimas de terribles escualos, capaces de partirlos en dos de una sola dentellada. Para evitar este peligro, los pescadores de perlas contratan los servicios de los llamados "encantadores", que tienen el poder de hipnotizar a los animales con el sonido de una flauta de bambú. Se dice que a su poder subyugador no hay animal que se resista: serpientes, tigres, aves o monstruos marinos. Con el "encantador" los pescadores se sumergen tranquilos, sabiendo que la flauta mágica los pondrá a cubierto de los tremendos dientes de los tiburones. Al terminar la época de la recolección de perlas, los pescadores pagan con determinada cantidad de ellas los servicios del "encantador", que por lo común es brahmán.
El rey puede gozar del placer de poseer cuantas perlas desee. Lleva al cuello un collar de perlas que vale un imperio. Esta coqueta costumbre también se extiende a sus orejas, brazos, muñecas y tobillos, donde lleva otra sarta de perlas y rubíes enhebrados en forma de pulseras. Este derroche también se extiende a sus varias esposas y docenas de concubinas, a quienes regala el rey los más valiosos ejemplares de perlas que se encuentran en los arrecifes de las dilatadas costas de su reino.
Éste es todo el atavío que usa el rey, pues va completamente desnudo, salvo ciertas partes del cuerpo que cubre con un rico paño recamado de perlas y piedras preciosas. Sus súbditos también viven en el mismo estado, y la diferencia con su rey estriba en la calidad de la tela de su taparrabo.
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de los diarios de viaje de Marco Polo.
trad. de Eros N. Siri.
Foto: Viena.

El show y el backstage



Fotos: Villa Dolores, Montevideo.

Los lirios de la imaginación


El pabellón estaba asentado sobre la orilla de un pequeño lago, y todos los años, en la estación propicia, quedaba literalmente cubierto de lirios; pero en el momento de la fiesta, el tiempo era frío y la superficie del lago tenía un color verde ahumado. "Es una lástima" --dijo uno de los huéspedes-- "que los lirios aún no hayan florecido", un sentimiento que todos compartieron, pero repentinamente, un sirviente vino corriendo para decir que en ese instante, el lago era una perfecta masa de lirios. Todos saltaron y corrieron hacia la ventana, y... ¡era así! Al minuto siguiente, el fragante perfume de las flores fue traído por una suave brisa. Sin saber muy bien qué hacer ante esta extraña vista, enviaron a algunos de los sirvientes en un bote para que juntaran lirios, pero ellos volvieron con las manos vacías, diciendo que las flores parecían cambiar de posición cuando se les acercaban. El monje se rió de esto y dijo: "Son sólo los lirios de la imaginación de ustedes y no tienen existencia real". Más tarde, cuando se sirvió el vino, las flores comenzaron a caer y, poco a poco, una brisa desde el norte se llevó todo signo de ellas, dejando el lago tal como había estado antes.
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Fragmento de una leyenda taoísta.

Sobre cuchillos de palo


Primer libro: un cierto El patio Ágata. Si en aquella época hubieran caído en mis manos varios de esa especie, habría abandonado definitivamente la lectura. Por suerte, el segundo fue Don Quijote. ¡Ése sí que era un libro! Me fabriqué una espada y una armadura de madera, y me lanzaba contra lo que me rodeaba.
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Vladimir Maiakovski en su autobiografía.
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Lo vi precipitarse sobre su enemigo y cortarle la cabeza de un solo tajo con tal destreza que el mejor verdugo de Alemania no lo hubiese hecho más pronto ni mejor. Aquello me asombró en un hombre que, según imaginaba yo, jamás había visto antes una espada, salvo las de madera que usan esos pueblos. Más tarde, sin embargo, vine a saber que fabrican sus espadas con una madera tan dura como pesada, y que el filo es tan agudo que con ellas pueden decapitar de un golpe, e incluso tajar un brazo entero.
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Daniel Defoe en Robinson Crusoe.
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Cuando era chico yo sentía una emoción deliciosamente triste ante las calesitas, los circos y los caleidoscopios. No me gustaban, no me divertían. Pero me hacían sentir una inmensa piedad por aquellas gentes, más inocentes que yo, que trataban de agradarme con ingenio modesto. De entre mis juguetes infantiles recuerdo una cimitarra de madera que me trajo mi padre. Mis juegos no incluían las gestas sarracenas, de modo que no pude sacarle mayor provecho. Pero allí estaba el amor del hombre aquel, que tal vez no me comprendía.
Alejandro Dolina en Crónicas del Ángel Gris.

Sobre los árboles inútiles


Un carpintero ambulante, llamado Piedra, vio en sus viajes un gigantesco y añoso roble que se levantaba en un campo junto a un altar hecho de tierra. El carpintero dijo a su aprendiz, el cual admiraba el roble: "Ése es un árbol inútil. Si quieres hacer un barco, pronto se pudriría; si quieres hacer aperos se romperían. No puedes hacer nada que sea útil con ese árbol y por eso ha llegado a ser tan viejo".
Pero en una posada, aquella misma noche, cuando el carpintero se fue a dormir, el roble añoso se le apareció en sueños y le dijo: "¿Por qué me comparas con vuestros árboles cultivados como el espino blanco, el peral, el naranjo, el manzano y todos los demás que dan fruta? Aun antes de que se pueda recoger el fruto, la gente los ataca y los violenta. Sus ramas gruesas están desgajadas, sus ramillas rotas. Su propio fruto les acarrea el daño y no pueden vivir fuera de su espacio natural. Esto es lo que ocurre en todas partes y por eso hace tanto tiempo que intenté convertirme en completamente inútil. ¡Tú, pobre mortal! ¿Te imaginas que si yo hubiera sido útil de alguna forma hubiera alcanzado este tamaño? Además, tú y yo somos dos criaturas, y ¿cómo puede una criatura elevarse tanto como para juzgar a otra criatura? Tú, hombre mortal útil, ¿qué sabes acerca de los árboles inútiles?
(...) El carpintero comprendió su sueño. Vio que el simple hecho de cumplir nuestro destino es la mayor hazaña humana y que nuestras ideas utilitarias tienen que ceder el paso ante las demandas de nuestra psique inconsciente.
--
Marie-Louise von Franz en "El proceso de individuación".
(citando un relato del sabio chino Chuang-Tzu).
Foto: Parque Rodó, Montevideo.
Foto: Innsbruck.

Carnaval de invierno

Torzal

Tragarte,
atragantarme de tus humos,
en torzal aherrojarme a tu espina,
esqueleto de pez en la arena,
estrella fósil,
polvo calcáreo.

--

Cesión de derechos

Quédese usted, criatura,
con el osario.

Cuídelo.
Pula los huesos,
haga cenizas con ellos,
joyas de vértrebras,
hermosos broches para su lenta cabellera
de algas de río,
de zarzamora.
--

Cuauthémoc

Las cenizas del cacique
volcadas como sal
tras una máscara de turquesas.

Magdalena Ferreiro, del libro inédito Carnaval de invierno.
--
Foto: Venecia.
Foto: Estrasburgo.

En un vaso de agua fría, o preferentemente tibia


Es triste, pero jamás comprenderé las aspirinas efervescentes, los alcaselser y las vitaminas c. Jamás comprenderé nada efervescente porque una medicina efervescente no se puede tomar mientras efervesce puesto que parte de la pastilla se te pega en la garganta y qué cosquillas, por lo demás totalmente desprovistas de propiedades terapéuticas. Si en cambio se la toma una vez que ha efervescido ya no se ve para qué sirve que sea efervescente. He leído mucho los prospectos que acompañan a esos productos , sin encontrar una explicación satisfactoria; sin duda la hay, pero para enfermos más inteligentes.
--
Julio Cortázar. Texto incluido en el libro póstumo Papeles inesperados.

Ternura implacable

Foto: Estambul.

Verdadero poder


o samba e pae do prazer
o samba e filho da dor
o grande poder transformador
.
Caetano Veloso, "Desde que o samba é samba".
--
Foto: Estambul.

Montmartre


Una canción como humo


Tenía en las manos
mi existencia toda
como un cuenco de leche
La azul mirada de la luna
chocaba con los cristales
.
La canción de la tristeza
ascendía como humo
de la ciudad de los grillos
como humo sobre las ventanas
se deslizaba
--
Forugh Farrojzad en "El viento nos llevará".
Foto: Salzburgo.

Catálogo de aguas maravillosas


*Los etíopes, dicen, tienen una laguna que brilla como si en su superficie se hubiera vertido abundante óleo.
*África tiene una fuente, que vulgarmente se llama Zema, cuyas aguas dan con insólita virtud cantarinas voces.
*El lago de Italia Clitorio hace aborrecer el vino.
*Los que beben de la fuente de Quíos previenen la melancolía.
*Dicen que la tierra de Beocia tiene dos fuentes: una hace perder la memoria, la otra hace que la recobren los que de ella beben. Contiene ésta un lago nocivo con tan dañinos efectos que engendra locura furiosa y tempestad de excesivos deseos carnales.
*La fuente de Cícico repele el deseo carnal y el amor por él inspirado.
*En Sicilia hay dos fuentes: una hace estériles a las muchachas, la otra las hace fecundas.
*En Tesalia hay dos corrientes de agua de estupenda virtud: bebendo de una, las ovejas se ennegrecen, bebiendo de la otra blanquean, y si beben de las dos se quedan blanquinegras.
*En la laguna Reatina se les endurece rápidamente el casco a los caballos que pisan sus arenas.
*Dicen que la fuente Idumea, de cuatro diferentes colores, se pone con los días de manera estupenda: pues de un color de polvo pasa al verde, y también se pone de color de sangre, y límpido con hermosas aguas. Aseguran que cada mes del año tiene uno de esos colores, y que no varían de año en año.
*El Rogotis es un lago del que sale un arroyo que tres veces al día es de aguas amargas y otras tres de dulce sabor.
--
Geoffrey de Monmouth en Vida de Merlín.
Trad. de Lois C. Pérez Castro
Foto: Ottawa.

Notas de Leonardo da Vinci


Harás las figuras en tal acto que sea suficiente para mostrar lo que la figura tiene de espíritu; de otro modo, tu arte no será loable.
--
Contempla un muro embadurnado de manchas, o de piedras mezcladas; verás en él paisajes, montañas, ríos, batallas, grupos. (...) Ocurre con ese muro como con el sonido de la campana, en el que oirás tu nombre o un vocablo imaginado por ti.
--
Ten un espejo que refleje al mismo tiempo tu obra y tu modelo y júzgate de esa manera.
--
Cuanto mejores conocimientos tengas, tanto más loable será tu obra, sobre todo si has seguido y no rechazado la lección de la naturaleza.
--
La figura no es loable si no aparece un acto que exprese la pasión de su alma.
La figura más loable es aquélla que expresa mejor por la acción la pasión de su carácter.
--
La sombra más grande que su causa tiene contornos confusos.
--
Cuando dibujes del natural, mantente alejado en tres veces del tamaño de la cosa que dibujes.
--
El estudio sin placer estropea la memoria.
--
Será más evidente aquella parte de lo reflejado que termine el lugar de mayor oscuridad.
--
El salto del agua es más grande visto en un cubo que en un gran lago.
--
La reunión de pequeños cuerpos produce un peso más grande que el que tiene cada uno separadamente: pesa las limaduras de plomo o de vidrio apiladas, fúndelas después y verás que el peso ha aumentado.
--
Si ves el reflejo del sol o de la luna en el agua, su magnitud te parecerá la misma que en el cielo. Aléjate una milla y te parecerá cien veces más grande.
--
El agua que surge de la montaña es la sangre que la vivifica. Si una de sus venas se abre sobre sus flancos, la naturaleza, que ayuda a sus vivientes, empeñada en reparar la falta de la humedad derramada, abunda en ella con un curioso curso, lo mismo que en el lugar herido en el hombre.
--
La marca de la sombra de un cuerpo cualquiera, de tamaño uniforme, jamás será semejante al cuerpo del que nace.
--
En la medida en que disminuye la luz, crece la pupila del ojo que mira esa luz.
--
Contempla la luz y considera su belleza.
Cierra el párpado y ábrelo después.
Lo que ves no existía hace un momento y lo que existía hace un momento ya no existe.
--
El arcoiris no está en la lluvia ni en el ojo que lo ve, aun cuando nazca de la lluvia, del sol y del ojo.
--
El vuelo de los pájaros de paso va contra el viento porque es menos cansador y más duradero; penetra el viento por movimiento oblicuo.
Es muy raro que el pájaro vuelve en el sentido del viento.
--
No hay joroba alguna en las ramas que no indique el lugar de alguna rama que falta.
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Los que aprenden por la práctica sin ciencia se parecen a pilotos que subieran a un navío sin timón ni brújula y que no supieran adónde van.
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No te elogiaré por conocer las cosas que la naturaleza conduce ordinariamente por sí misma; pero regocíjate de conocer el fin de las cosas que concibe tu espíritu.
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Fragmentos de los manuscritos de Leonardo da Vinci
(seleccionados por Josephin Péladan).
Foto: Venecia.

Páginas compartidas

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Hace más de diez años compré el libro Del amor, de Alain de Botton, y durante la lectura, como suelo hacer, le prodigué abundantes subrayados. Más adelante lo vendí en una librería de viejo y rápidamente desapareció de las estanterías; desde entonces pasó suficiente agua bajo los puentes para que casi lo hubiera olvidado. Pues bien, el otro día volví a la librería, esta vez como compradora, y encontré el ejemplar en cuestión, el mismo, vendido como usado por otra persona. Ella (casi podría jurar que era otra mujer) agregó sus propios subrayados y hasta ratificó algunos de los míos con su propio lápiz, como una manera de hacerlos propios. Así de curiosas son a veces las formas que encontramos los humanos para comunicarnos, sabiéndolo o no.
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